Dedicatoria

Por Johana López.

Para seres inconclusos, estamos él y yo. Yo algo más. Le hago una dedicatoria diaria, van treinta y cinco sabores y veintisiete olores. Él no sabe. Recuerdo su risa y entonces me muerdo un poquito los labios, me detengo por miedo a ahuyentarlo hasta que veo que no está y puedo quererlo otra vez sin ningún pudor. Mi cariño es sólo en su ausencia, porque en presencia ya no le hablo, ni lo miro, ni lo araño. Me llevo las manos a la cara, me acuso de algún desorden mental y me voy bien lejos, a esconder al amor como a  pecado capital.

Hay días en que me siento tan libre que no lo recuerdo, son esos los más felices. Otros, lo beso hasta que despierto. Cuando me entristezco, presiono los ojos y pienso en que quizá, a veces, muy pocas, él también piensa en mí.

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Arena (audio)

Por Johana López.

Yo no hablo de besos porque los recuerdo poco.
Traigo el olor, eso sí, de tu espalda.
Una fragancia naranjada, como de arena.
De esa que se me mete entre los labios y me acaricia las piernas.
Yo de eso sí escribo y a veces lo hablo.
Luego lo olvido. Lo olvido todo el tiempo.
Es que si te recuerdo no es porque me hagas falta.

Una elección definitiva

Por Johana López.

Este lugar es extraño. Siempre lo describen como un  paraíso lleno de  naturaleza, aves cantando, mansos arroyuelos, y ese tipo de cosas…o, por lo menos, así me lo imaginaba. La verdad, es una visión bastante optimista, en especial  para un hombre como yo que nunca ha tenido como lema  mirar el lado positivo de las cosas. Aún así esperaba que esto fuera mejor, ya saben, si la vida fue un asco por lo menos la muerte debería ser algo deseable, pero no lo es, de eso pueden estar seguros. Consideren que se los dice alguien que ya está muerto.

Vivo o no, sigo detestando las filas y en esta llevo horas. No sé ni para qué espero, aunque ya el afán no tiene sentido. Delante de mí hay una mujer que parece haber trabajado en el bajo mundo, lo digo por su escasa ropa, aunque eso ya no sirve de referente. Supongo que falleció por alguna enfermedad venérea. Por otro lado, tengo clara la causa de la muerte del sujeto que está detrás de mí: lleva su cabeza en las manos.

Si esto no avanza me voy a morir de nuevo. Absurdo, ¿no se supone que tengo la eternidad? Siempre he tenido problemas de concentración, como en este momento, me he centrado en irrelevancias y ni siquiera me he presentado. Mi nombre es Pablo Gutiérrez y soy, era abogado, uno muy bueno en realidad.  La palabra modestia no es la que mejor me califica, muchas veces me han llamado narcisista; en realidad creo que lo confundían con realista. Sigo esperando. Como decía, fui una persona bastante exitosa laboralmente, perdí muy pocos casos y gané más de los que debería, mi profesión no se caracteriza por buscar la justicia sino por retorcerla. No, la honradez tampoco es mi principal característica. De cualquier forma, nunca la necesité para hacerme rico. Sentimentalmente, para mi madre era un fracasado (¡ay, mi madre! La pobre seguramente estará llorando…) pero en mi opinión, llegar a los 40 años soltero y sin hijos, es todo un éxito.

Definitivamente esta fila no avanza. Intentaré adelantarme. Hay un sujeto enorme, una especie de guardia. Pone en frente mío una espada que me recuerda a las de Star Wars, parece que debo hacer la fila como todos los demás. ¿Será que nos estamos acercando a dios y  este juzgará nuestros pecados? Porque, en ese caso, estoy jodido. Nunca le creí a mi mamá el cuento de que todo lo que hiciéramos sería juzgado en “la otra vida”. No…nunca creí en Dios y me parece un poco tarde comenzar ahora. Entonces, para qué será esta filita…tal vez estén haciendo un inventario de cuántos han muerto hoy ¿quién necesitaría eso?

¡Qué increíble es que esté muerto!  Hace sólo unas horas estaba frente a un tribunal, en medio del mayor caso de mi vida; se trataba de Enrique Martínez, todo un asesino en serie, yo sabía que lo era pero aún así lo defendí empleando todos los recursos que me fue posible encontrar…e inventar. Sabía que si ganaba me convertiría en el abogado más famoso del país y eso significaba dinero, mucho dinero. Como era predecible (tratándose de mí), Martínez fue declarado inocente y yo me convertí en un nuevo millonario, aunque aquella condición me duró muy poco. Cuando salía de la sala de la Corte, el familiar de una de las víctimas me apuñaló, arruinando así  mi traje nuevo y mi corazón.

En verdad comienzo a aburrirme, aunque ya esto va avanzando a una puerta enorme, como de diez metros de ancho por veinte de alto. No puedo negar que estoy algo ansioso y, bueno, sí, un poco asustado; ¿qué tal si llego y no hay nada, si es simplemente el fin? ¿O si encuentro condenas y sufrimiento por toda la eternidad? No debería pensar en eso.

Por fin. En la entrada hay dos guardias -como el que me hizo volver a la fila-   uno de ellos me preguntó mi nombre y la forma como morí. Le conté la historia (pensando todo el tiempo en lo extraño que se sentía describir mi propia muerte) y me hizo pasar. El lugar es grandísimo, hay miles de túneles por todas partes, tal vez millones. Le pregunté a una anciana qué se suponía que estábamos haciendo.

-Escoger- me respondió con una enorme sonrisa
-Disculpe, pero no me ha quedado del todo claro, ¿escoger qué?
-Una nueva vida.-  Al notar mi confusión, aclaró: -Cada uno de los túneles que ves se dirige a una mujer que está en la Tierra, no podrás ver a cuál, ni sabrás absolutamente nada acerca del lugar al que llegas. Sólo sigue tu instinto y elige un camino, cuando estés seguro ya no habrá marcha atrás.
-Un momento… ¿me está diciendo que escoja una nueva madre?… ¿Acabo de morir y voy a nacer de nuevo?

-Exactamente. Claro está que cuando lo hagas te convertirás en alguien muy diferente al que eres ahora. Supongo que lo sabes…

-Sí, es una especie de reutilización -pensé- ¡Vaya, hasta los humanos se pueden reciclar!

Six six six

Por Johana López.

Cada que me canso de la vida, canto música romántica. Pero no la de arco iris y mariposas, no la de la espera incondicional, las sábanas blancas y el idilio. Esa no, sino la de verdad, o la más parecida. El amor se sufre por simple lógica. Para que haya bueno, primero hay malo. Para que esté lo hermoso, aparece lo feo. Para conocer el placer de amar a alguien, debe antes padecerse el dolor de ese cariño.

No es masoquismo… ¿es masoquismo? La necesidad del otro es una eterna angustia.  Es la falta de control sobre sí mismo, es la tristeza, el deseo, la búsqueda. Todo hasta que se llega  a un equilibrio sentimental,  es ahí cuando se encuentra la integridad en pareja, cuando todo funciona, cuando ya no es amor. No, no, no. Cuando algo se tiene ¿para qué buscarlo? ¿Qué sentido hay entonces? ¿No es esa la paradoja de la crueldad? Sólo se quiere si se está muy jodido.

“I welcome your sweet six six six in my heart” parece expresar la naturaleza de lo que digo, me refiero a la música. Es que enamorarse es dejar entrar al demonio, atenderlo con con toda cortesía, esperar a que clave el puñal y encima tener que agradecerle por ello. De nuevo, estoy hablando del de verdad, porque para matrimonios por costumbre y calenturas de una noche ya hay bastante.

El afecto genuino sólo existe en lo platónico porque es ahí donde no hay desgaste y todo queda en ilusión, es un tragedia dosificada y disimulada por la esperanza; la fórmula perfecta para atontar.

¿Y entonces qué hacer? ¿Dónde está la plenitud? A mí no me pregunte ni me eche la culpa, es más, sea feliz y no me crea, que yo de esto no sé nada.